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miércoles, 30 de noviembre de 2022

Trescientos sesenta grados

Aspiro la mañana en la orilla. Nació anaranjada y ahora se viste de azul y de blanco, con olores a limo y arena, con sonidos de olitas que me visitan tocando la mañana en dos tiempos, en un sinuoso compás binario.

En el primero se estrellan y llenan de espuma la playa, y alisan la arena salpicando chispas que traen de una mar lejana, brillante.
En el segundo tiempo se recogen recatadas, para volver a envolverse en papel de plata y de oro, y como un pequeño y amoroso regalo, mostrarse de nuevo en la musical orilla, mientras me llenan de melodías la cabeza.

Y yo me voy con el mar silente, regresando después a mí en este 360º.



Carlos Bernal
Marbella, 30 de noviembre de 2022.

 


 

 


viernes, 18 de noviembre de 2022

Ventana a la lluvia

Nací donde la mar, en invierno,
se subía por las paredes.
La misma mar, que en verano,
se alfombraba a mis pies.

Después me fui sin despedirme,
sin saber lo que pensaba.
Estuve años cantándola,
sin saber a quién cantaba.
Nunca quise volver,
no sé si me esperaba.

Recupero estos versos nostálgicos de un viejo archivo que ya no recordaba. Y que nada tienen que ver con lo que iba escribir ahora. Quizá por eso los traiga, por mezclar y perderme en la mezcla de palabras, de sonidos, con Paco de Lucía y Manuel de Falla de fondo, de olores, con el balcón abierto a tierra y calle mojada, de visiones, con el mar plomizo al fondo y un cielo negro aliñando la mañana de tonos esperados tanto tiempo.

Recupero esa guitarra del algecireño universal grabada en 1978. Cuánto arte acumulado en sus dedos, en su pensamiento más que en sus pocas palabras. Pareciera que el que calla es que no tiene nada que decir. Craso error. Normalmente el que calla es que está convencido de que mejor callarse. Hasta que un día dice lo que piensa y sorprende y dicen que no parecía…

Paco habló poco, pero tocó mucho. Y lo dijo todo con sus dedos, con su guitarra. Creo que es el camino. Pero de vez en cuando hay que declararse y decir lo que uno piensa. Sin intentar convencer a nadie, ya es tarde para eso; cada uno es cada cual y se retrata en sus palabras. Hasta en las que calla y está como ausente, que diría Neruda.

El tejado resbala las gotas de agua que van cayendo lentamente. Y Paco sigue dejando a Falla por el aire. Qué belleza y qué gran mañana de disfrute. Os la recomiendo.

Y puestos a recomendar, también recomiendo el sonido analógico, el de los discos de vinilo, con el tocadiscos de toda la vida, que nos obliga a levantarnos del sofá cada tantos minutos y mover así un poco las piernas, Jajajajajaja.

 


 




lunes, 31 de octubre de 2022

Carlos Bernal en concierto.

 


 

El día 28 de octubre di un concierto en Ceuta, mi tierra natal. Aunque por circunstancias -mucha gente hizo puente esos días y se ausentaron de la ciudad- hubo poco público en la sala de la Biblioteca Pública del Estado en Ceuta donde se celebró, estuvimos muy a gusto y conté con un pequeño grupo de personas que recibieron muy bien mis poesías y mis canciones. A todo ellos, muchas gracias por arroparme esa noche.

Dejo aquí el enlace al concierto completo que grabó Radio Televisión Ceuta.

 

Concierto "poemas y canciones" 

 

 

 

 

 



sábado, 1 de octubre de 2022

CONTABILIDAD

A los buenos días del ascensor,
a la sonrisa de la cajera,
el pase usted en la panadería,
y el ceda el paso del conductor,
anoto como gasto corriente.

Luego están los gastos variables,
dependiendo del viento que sople.
Gastarán a poniente o a levante;
incluso gastarán por el norte.

Y también hay gastos inesperados;
esos que llaman a la puerta
con los nudillos desgastados,
la mala cara de la enfermedad
o la culpa de la deuda contraída.

Por no hablar de los gastos inútiles,
que todo el mundo atribuye al pasado…

Igual de absurda es la contabilidad
que se anota de enero a diciembre.

Sí aprecio el Sol, como contable,
que con medida parsimonia 
va contando las rendijas
que oscurece por Poniente.


Carlos Bernal
1 de octubre 2022


Ceuta, paraíso del Norte de África


sábado, 30 de julio de 2022

Una historia por capítulos cortos. Capítulo 1

 

 

Escondido, el cerebro, siempre moldeando la realidad para engañarse y engañarnos.

 

CAPÍTULO N

EL JEFE

Supongo que ahora es cuando hay que decir que soy hijo de una familia de nosequé, que siempre vivieron de loquesea. ¡Qué va, hombre, qué no!

Baste en este momento decir que recuerdo la infancia como un tiempo feliz…

Y esa es otra, ¿qué pátina de sustancia dulzona le pondrá nuestro cerebro encima siempre al pasado para que lo recordemos como un tiempo mejor? Cualquiera sabe, habrá que preguntarle a los científicos, porque en estas páginas poca ciencia encontrareis. 

Pero lo que está claro es que nuestro más querido mentiroso vive dentro de nuestra cabeza, ahí, escondido. El cerebro elabora cosas que nunca han ocurrido o va moldeando a su antojo las que sí han pasado, para hacernos sentir mejor con nosotros mismos, y así de paso, poder culpar con tranquilidad al mundo de todo lo malo que pueda habernos ocurrido. Y esto no tiene nada que ver con mentir conscientemente. No, la mayor parte de las veces que contamos algo no estamos mintiendo, solo relatamos los hechos tal y como los recordamos; pero casi siempre lo que ocurrió de verdad se parece poco a lo que recordamos.

A este extraño compañero de viaje, inseparable, insufrible casi siempre, pero también imprescindible, a nuestro cerebro, en adelante lo llamaremos “el jefe” porque es quien realmente manda.





EL JEFE

No queremos cambiar de opinión, al contrario
que los monos y otros cerebros sofisticados. 

Eduard Punset (El viaje al poder de la mente).

 

Aparente músculo ingrávido
que habita algunas cabezas;
órgano arrugado inteligente
que a unos más que a otros, pesa.
 

Gobernador sutil, masa gris
que evita situaciones adversas.
Creador de cantos de sirena
que enturbian con humo la vista.
 

Mentiroso, embaucador, ilusionista,
pesado, machacón, insistente,
charlatán de feria, burlón, trapisondista.
 

Ciego adorador de fantasías,
laboratorio de drogas peligrosas;
constructor de castillos en el aire
que falsifica, por tu bien, las cosas.
 

Buscador de la Isla del Tesoro,
que busca con todo su empeño.
Inventor y vendedor de sueños
que ilustra sin el menor decoro.
 

Caja dotada de interruptor
que te enciende o te apaga las luces,
te introduce o te aparta del mundo
sin pedirle permiso al autor.
 

Perfecto embustero que busca
engañarse primero a sí mismo;
después que su mentira resulta,
la vende con hermoso cinismo.
 

No sé si te celebro, cerebro,
porque me han contado que mientes;
pero si estás conmigo, me alegro,
aunque, a veces, parezcas ausente.

 

(CONTINUARÁ...)


Carlos Bernal
15 de julio de 2022.



sábado, 16 de julio de 2022

jueves, 14 de julio de 2022

Una historia por capítulos cortos. Introducción




Capítulo N-1

Por decir algo.

Empezaré por cualquier sitio porque ya es tarde para hacerlo por el principio, además sería como volver a empezar y a eso es a lo único que no estoy dispuesto. Aquello estuvo bien, pero precisamente porque fue “aquello”, se quedó allí y no volvería allí por nada del mundo. Qué manía nos ha dado ahora con buscar por internet a los amigos de la infancia o del instituto para reunirse y contarnos las vidas. A quién le importa lo que te ha pasado en los últimos cincuenta años, pedazo de melón, si tú eras el tonto de la clase y te pasabas la hora de matemáticas metiéndote el dedo en la nariz mientras el profesor se peleaba con su hipotenusa (la de él) y sus catetos (nosotros) en la pizarra. O a ti, que eras un empollón que sacabas siempre dieces y luego has llegado a ser director general de nosequé, y jefe superior de nosecuántas cosas… pero sigues siendo el mismo triste empollón, nada más.

 

Así que simplemente diré que la vida no me ha tratado mal hasta llegar aquí, y con eso queda todo dicho. Y ya soy libre para iniciar mi relato por donde me parezca sin ataduras cronológicas. Además, tampoco pretendo darle forma de memorias, ni estructurarlo debidamente como haría un escritor.

 

Continuará... creo.

 

Carlos Bernal.

14 de julio (día de la República Francesa, casualmente)


Por suerte, los árboles no me dejan ver el bosque de coches que se extiende ahí abajo, pero los oigo dedicarse horribles desconciertos de bocinas bramando con la educación de sus propietarios, que parecen no haber pasado por escuela alguna.