Ojalá algún juez imponga
una orden de alejamiento
al ruido que desinforma,
y a este egoísmo manifiesto;
al político que miente,
a sus modales bajunos
y a su lengua malsonante;
al abogado querellante
en nombre de un Jesucristo
al que no ha visto ni en pintura;
a las comisiones indecentes,
y a mirar para otra parte
frente a dolor inocente.
A los países invasores,
A todos los acosadores, que el mundo infectan.
A la poca vergüenza que reina
y a los que reinan con poca vergüenza.
A que el pobre culpe al pobre
A que el rico lo sea de forma fraudulenta
Al periodista que jamás repregunta
Al conductor que empuja en la autovía
Al de la cola que vierte su aliento en mi nuca
Al verdugo que olvidó su historial de víctima
A los jueces que retuercen las leyes
A la tristeza que se enquista
A la mala educación que se extiende
A los corazones que se encallecen
A los creadores de este circo
y a su bronca permanente.
A los beneficios indecentes de la banca
y a que se repartan los que nos deben.
A la ordinariez institucionalizada.
A alguna institución ordinaria
y a la ordinaria que la regenta.
A la mala prensa y a la prensa mala,
tanto impresa como digital.
A los criminales de guerra que salieron impunes
A la Ley de Punto y Final que los perdonó.
A que todo siga atado y bien atado desde entonces.
Sin olvidar a los tiranos
que hoy incrementan la lista.
Que se queden bien lejos:
El pelirrojo peligroso
que la Casa Blanca habita.
Su compadre del KGB,
el de la helada tundra rusa.
Y el judío que olvidó
el horror del Holocausto nazi,
y hoy confunde a terroristas
con todos los niños de Gaza.
Carlos Bernal
30/12/2025



