Seguidores

martes, 16 de julio de 2019

Soy de Allí

Foso navegable de Ceuta. (Foto de cityplan.es)



(A Alberto Nuñez García, por sus Crónicas de Allí)

Soy de Allí,
como las verdes aguas del Foso,
como las tardes frescas del barrio
y su extraordinario amanecer.

Soy de Allí
como el viento fuerte de levante,
como el cañón que marca las doce
y como el goce al atardecer.

Soy de Allí,
donde las olas escalan paredes,
o diminutas se alfombran
al compás de tus pies.

Soy de Allí
donde a veces los días
se visten de bruma
y te llena la espuma
del nada que hacer.

Soy de Allí,
y crecí entre dos montes perdido;
dando vueltas a un nido
absurdo por pequeño,
distinto por diverso,
azul por mediterráneo,
caliente por sureño,
doliente por antiguo,
hermoso por esbelto,
pacífico por guerrillero…

Soy de Allí,
de donde dice Alberto.



Crónicas de Allí (Alberto Nuñez, 2001). Edit LA Vela, Granada

lunes, 15 de julio de 2019

Un día jubilado

Dormir a pierna suelta los problemas;
levantarme no demasiado temprano,
y escribir de diez a doce lo que pueda.

Pasear el azul desocupado
del suave invierno mediterráneo.

Atribuir a cada pájaro su canto,
recibir a las pavanas en la orilla,
adivinar el rumbo de los barcos,
imaginar dónde acaba el horizonte.

Enhebrar las agujas de los pinos,
descubrir lo mullido de la hierba,
aspirar el sabor de la mañana,
y diluir las tristezas de la vida
en una buena sopa castellana.

Calentar la tarde con un fuego:
Apilar muchos versos uno a uno,
preparar la hoguera de un poema
y esperar que una música lo encienda.

Recoger al día siguiente las cenizas,
abonar bien la tierra con ellas,
plantar las ideas en semillas
y esperar que broten algún día.

           (Solo entonces sabré si eran canciones
            las voces que el levante me traía).

                                                       
                                                                                          Carlos Bernal.


jueves, 11 de julio de 2019

Versos errantes

Si unos versos te han llamado
en una tarde cualquiera,
no contestes en seguida,
no devuelvas la llamada;
espera a que insistan
otra vez, de madrugada.

Escríbelos temprano,
mientras el Sol hace flexiones
de calentamiento;
termina antes de mediodía
y déjalos dormir la siesta.

Guárdalos en una caja
donde no les dé la luz
y olvídalos un tiempo.

Sácalos alguna noche,
-mientras la Luna se peina
en su cuarto menguante-
 

y bajo la luz de unas velas
léelos a media voz
de adelante atrás,
y de atrás adelante.

Si no te gustan, quémalos;
en caso contrario, vuélvelos
a dormir al estante.

Es posible que algún día,
cuando pasen muchas tardes,
alguien encuentre los versos
que en la caja se esconden,
y decida renombrarlos
como “los versos errantes”,
y a ti, que los creaste,
como “el poeta sin nombre”.



sábado, 6 de julio de 2019

Paseo de los Ausentes


Con palmeras por el cielo,
las manos en los bolsillos,
puntapiés a burgaillos,
van rodando por el suelo.

Olor a garrapiñada,
las miradas de deseo,
las sonrisas de las niñas,
sin prisas por el paseo.

Hoy regresan los Ausentes
con los sueños por el aire;
van cruzando por el Puente
aunque no los vea nadie.

Paseo de los Ausentes,
que en mi mente está
tan lejos, tan cerca.

Voces de Ceuta
vuelven a sonar
en medio del mar.

Ausentes, de madrugada,
dando vueltas en la cama,
se despiertan y comienzan
a acordarse de su Ceuta,

De su barrio, de su playa,
del salitre de la infancia,
del sabor del primer beso,
del regreso aún pendiente.

Hoy regresan los Ausentes
con los sueños por el aire;
van cruzando por el Puente
aunque no los vea nadie.

Paseo de los Ausentes,
que en mi recuerdo está
tan lejos, tan cerca.

Luces del puerto
que flotando van
en medio del mar.

Paseo de los Ausentes,
Ausentes de Ceuta.
Paseo de Las Palmeras,
tan lejos, tan cerca

Carlos Bernal.
Marbella, 15 de mayo de 2012.
Los Barrios, 26 de julio de 2012.

Desde este Sur



Desde este Sur,
-ya bastante al Sur-

aún se ve más Sur;
y a sus gentes,
que nos ven al Norte
y como norte nos tienen.

Y se vienen a vivir con este norte,
sin que importe si en el intento de vivir,
morir sea lo único que logren
llamando a la puerta de un sueño.
                                                                                                                      Carlos Bernal

martes, 2 de julio de 2019

Imposible de medir...

¿Sabéis lo que dura un sueño,
cuánto pesa una esperanza,
cuánto hunde la tristeza,
o qué distancia separa
la niebla de nuestra tierra?

¿Qué trecho tan largo existe
entre aquello que dijiste
y lo que quisiste decir?
¿Cuánto ocupan, en el alma,
las escondidas historias?

Ya veis que algunas cosas
son imposibles de medir.

¿Cuánto amor dice una rosa?
¿Quién sabe, en un adiós,
cuándo llegarán las lágrimas?
¿Quién conoce las distancias
de la casa de la infancia,
-enorme patria querida-?
¿Cuánto tiempo es un minuto
sin latir un corazón?
¿Cuánto va de lo vivido
a lo que queda por vivir?

Ya veis que algunas cosas
son imposibles de medir.

¿Alguien sabe cuánto sopla
un simple soplo de aire?
Los trastes de la guitarra
imposibles de abarcar,
¿sabe alguno cuánto miden?

Y el azul en los espejos
del sol cuando amanece,
¿sabéis cuánto permanece?

Del calor de nuestra gente;
del dolor cuando se escapa
entre las rejas de dientes;
lo que cuesta una canción,
lo que vale una sonrisa;
del placer de un buen paseo
sin tener que tener prisa,
¿Tenéis alguna medida?

¡Cuánto irá de lo que escribo
a lo que quiero escribir!

Ya veis que hay tantas cosas
imposibles de medir.

 Carlos Bernal

Mañana no está tan lejos

Imperceptible –casi- en su andar continuo,
la vida se pasa como en un torbellino.
Indemostrable –casi- minuto a minuto,
va dejando en nosotros su huella profunda.

El ritmo pausado, las pequeñas dolencias,
el sol de la tarde y su amor buscado;
las cosas sencillas, los largos paseos.
La charla animada, la sonrisa presta,
los ojos entreabiertos para ir recordando;
las nobles arrugas, la mente dispuesta.
Las miradas atrás, la vista cansada,
tal vez algún nieto subiendo y bajando.

Y de pronto, al amigo, ¿te acuerdas?
Y el paseo se cubre de nombres y nombres
de mujeres y hombres que llenaron la vida,
de pequeñas historias que regresan, fantasmas,
a llenarnos la tarde con horas de instituto;
a dejar la constancia de esa huella que digo,
la huella profunda que deja en nosotros
el paso de un tiempo que no constatamos
si no lo contamos minuto a minuto.
       

                                                                     Carlos Bernal.