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viernes, 21 de noviembre de 2025

A MI AMIGO.


Hoy dedico esta canción al autor del poema, Jose Carlos Navas, mi amigo del alma que ayer día 20 de noviembre de 2025, nos dejó para irse a otros lugares mejores donde seguir escribiendo. En su memoria y en el recuerdo de todos aquellos que lo conocieron, dejo su bello poema escrito para la Mujer Dormida, a la que desde hoy acompañará para siempre en su sueño del Estrecho. 


Descansa en paz, mi viejo amigo. Que la tierra te sea leve.



Poema "Dormida", de Jose Carlos Navas San Vicente, poeta de Ceuta.



Unos le llaman Dormida

otros le dicen la Muerta,

postrada en cama de siglos,

de amor dormida, ya

quizá este muerta.


Llorando quedó una mañana,

solitaria allá en la playa,

mientras las olas bravas

morían tristes en la arena.


Y de amor llora su pena,

y de amor es su pecado,

de amor es su condena.


Postrada en cama de siglos,

sus pies envuelto de arena,

bañados por ese mar

que viola llorar de pena.


El viento que rompe la piedra,

llegándole este dolor

hasta aflorarle las venas,

camino del corazón,

camino de su alma en pena.


Y no se sabe si es muerte

o tal vez esté dormida,

si sueña con querubines,

si por amor murió,

si por amor vivió.


La escarcha cada mañana

enjuaga su parda cara,

y sus senos enhiestos

los refresca la alborada.


Sus pies los baña en el mar

ese mar tan bravo y frío,

ese mar que la hace suya,

causa de su desvarío.


Y de amor llora su pena…


————

(Jose Carlos escribió este poema tal vez en 1970, tal vez un año o dos antes… Él no lo supo nunca fechar exactamente.)
















martes, 28 de octubre de 2025

PERROS Y DUEÑOS




De cada casa, perro y dueño,

en sesión de mañana y tarde,

salen en estampida.

Con la consabida urgencia

que la ocasión requiere;

con la amenaza latente

de chorrear ascensor,

escalera y paredes.


En cada casa, perro y dueña,

en simbiosis permanente

marcan diferencias 

y ensamblan caracteres;

domestican salvajadas,

recuperan atavismos,

comparten sillón y cama.


Mientras aprenden idiomas

y simulan entenderse,

empatizan entrambos

y señalan culpables;

asoman intolerancias,

compensan estaturas,

aúnan o imponen voluntades.

Con sonoros ladridos

defienden territorios

y comparten secretos.


Entre unos y otros,

mientras afinan miradas

y rellenan soledades,

colonizan esquinas

y amarillean paredes.

Son las nuevas parejas

de este tiempo tan loco.



Carlos Bernal (actualizado 28/10/2025).





viernes, 19 de septiembre de 2025

DESEOS PARA CUALQUIER DÍA DE MAÑANA...





    OJALÁ, MAÑANA, DISFRUTES DE...


    La rosada ligereza de un flamenco, 

    la elegancia de una virgen de Murillo, 

    el aplomo de un gángster de película, 

    la paciencia de un taxista en Nueva Delhi, 

    la pulcritud de un contable mafioso, 

    la solidez de nuestro muelle de Poniente, 

    la destreza de un tahur en Montecarlo, 

    la seguridad de un anuncio de alarmas, 

    el poderío del Banco Mundial, 

    el contenido de los archivos clasificados, 

    la belleza de cualquier atardecer, 

    el dinero de todos los préstamos, 

    la cara dura que tienen las Eléctricas, 

    la energía de todos los volcanes, 

    la razón que duerme los corazones, 

    la luz verde del muñeco del semáforo, 

    el regusto que deja un buen poema, 

    el brillo de aquellos ojos quinceañeros, 

    las segundas veces de la primera vez, 

    los árboles que me dejaron ver el bosque, 

    el sabor de un Vega Sicilia, 

    el trastrás de aquella mecedora, 

    la robustez de una imagen de Rubens, 

    la salud del acero inoxidable, 

    la dulzura del mosto en noviembre, 

    el amor en la conjunción copulativa, 

    los deseos en los adverbios de modo, 

    los cantos aunque sean de sirena, 

    los versos aunque sean en prosa, 

    los niños aunque sean tan niños, 

    el dolor escondido en la trastienda, 

    las series con final feliz, 

    las firmas de los acuerdos pendientes, 

    la esperanza del mañana posible, 

    y la reposición de todas las humillaciones.


                                                    Carlos Bernal








sábado, 23 de agosto de 2025

DECENCIA, ESA PALABRA...


Esta tarde he estado dándole vueltas a una palabra que me parece ha caído en desuso: decencia. Sí, creo que se ha quedado antigua; o tal vez sea que los que deberían mantenerla viva, ya no tienen interés en hacerlo, por lo que sea. La Academia suele justificar estas cosas diciendo que la Lengua es algo vivo, que está en la calle y con la calle evoluciona. Y que Ellos tienen que ir recogiendo esa evolución. 


O sea, que dejan morirse palabras porque la ignorancia y la vulgaridad de la calle no las acoge en su seno, prefiriendo sustituirla por un anglicismo. Y en cambio se deja que ingresen al diccionario todos los vulgarismos que la calle asume como suyos. Y así, por el camino más corto, nos vamos cargando con el permiso de la autoridad competente, un idioma de gran riqueza como el nuestro, el español.


Yo creo que una de las obligaciones de la Academia de la Lengua debería ser la de luchar por el idioma y porque los jóvenes no tengan un vocabulario básico con menos de mil palabras. Y me parece que no es el caso…


Y hay otra cosa que olvida la Academia de la Lengua: Un lenguaje preciso y variado es la representación de un pensamiento que también lo es. Porque pensar necesita de las palabras que le den forma a lo que está naciendo en la cabeza. Si no te expresas bien, no puedes pensar bien, y viceversa.


Pero vamos a la palabra de hoy en cuestión. Dice el diccionario que decencia es -aparte del aseo, compostura y adorno que corresponde a cada persona o cosa- algo que me interesa más: habla de recato, de honestidad y de modestia. Y yendo más abajo, en una tercera acepción, cita la definición con la que quiero quedarme: Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas. Y como sinónimos -gran campo abonado para la comprensión- están esos conceptos ejemplificadores, enormes palabras que merecen asiento cómodo y un café para recibirlas…


Veamos pues, sinónimos de DECENCIA (y permitidme la escriba con mayúscula, tan importante me parece):


  • Recato, honestidad, pudor, pureza, moralidad, integridad, virtud, ética, vergüenza.
  • Decoro, dignidad, honor, honorabilidad, respetabilidad, nobleza. 


Y claro, ya para mayor comprensión y claridad, podemos fijarnos en las que cita el diccionario como antónimos, o sea como todo lo contrario a lo que debe considerarse decencia. Y ahí va esa agua clara del río de las palabras:


  • Indecencia, impudicia.
  • Indignidad, inmoralidad, deshonestidad, desvergüenza.


Al tener ya más claro el significado de esta palabra, podemos aseverar que la decencia es algo de lo que estamos más bien escasos en la vida pública actual (no solo española, sino mundial), así como calificar de indecentes a personas conocidas en diferentes ámbitos, por lo que dicen y hacen cada día.



Y ahora podríamos llenar páginas y páginas entre vosotros y yo con nombres de personas y situaciones claramente inmorales, deshonestas, impúdicas, innobles, desvergonzadas, indignas, INDECENTES.



Pero sin citar nombres, si os pondré en la pista de algunas situaciones que se dan y nos dan paso a usar los términos decente/indecente. Imaginad a personas que por su profesión, se les supone una dignidad, honorabilidad, moralidad, honestidad, nobleza, ética, o decoro propios del sitio donde están y el cargo que desempeñan. Digamos un maestro, un periodista, un médico, un político, un empresario, un juez… y así un largo etcétera, cualquier persona, en realidad. ¿Cuántas veces hemos visto a algunos dignos de calificarlos como indecentes?


Pues os animo a que, en adelante, los llamemos INDECENTES. Y si puede ser a la cara, mejor.



Y que no se borre la palabra del diccionario, señores de la Real Academia de la Lengua Española, pues la DECENCIA es una de las cosas para estar más orgullosos como seres humanos. Y además es gratis. 



Carlos Bernal.