De cada casa, perro y dueño,
en sesión de mañana y tarde,
salen en estampida.
Con la consabida urgencia
que la ocasión requiere;
con la amenaza latente
de chorrear ascensor,
escalera y paredes.
En cada casa, perro y dueña,
en simbiosis permanente
marcan diferencias
y ensamblan caracteres;
domestican salvajadas,
recuperan atavismos,
comparten sillón y cama.
Mientras aprenden idiomas
y simulan entenderse,
empatizan entrambos
y señalan culpables;
asoman intolerancias,
compensan estaturas,
aúnan o imponen voluntades.
Con sonoros ladridos
defienden territorios
y comparten secretos.
Entre unos y otros,
mientras afinan miradas
y rellenan soledades,
colonizan esquinas
y amarillean paredes.
Son las nuevas parejas
de este tiempo tan loco.
Carlos Bernal (actualizado 28/10/2025).

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