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martes, 24 de mayo de 2022

Puentes

 

Un puente es cualquier cosa que se levanta por encima de algo que está dividido, para intentar unirlo. Y ahí podemos meter de todo, de todo lo que suele dividirse, digo; desde una familia hasta un país, o varios, o un mundo entero. Y así como hay verdaderos expertos en dividirlo todo, en trocearlo hasta que sea irreconocible, hay muy pocos especialistas en construir puentes para unirlo. Suelen ser los ingenieros, aunque también hay algunos que han construido puentes donde dejarse los dientes. Como aquel de Bilbao, cuyo suelo al final tuvieron que cubrir con una especie de césped artificial, para que la gente dejara de partirse la crisma contra aquella resbaladiza y cristalina superficie… Pero el tipo, el ingenioso ingeniero, digo, se llevó su pasta, y que yo sepa hasta hoy nadie lo ha llevado al juzgado por atentar contra la verticalidad de los ciudadanos de la txapela. En fin, es que son profesiones de postín, que por mucho maula que las habite -como esa otra de abogado del Estado- nunca se las pone en tela de juicio, literalmente.

Pero sigamos puenteando. Se suele utilizar la expresión “tender puentes”. Lo de tender me suena a lavandería más bien antigua,  porque desde que existen secadoras, tender ya se tiende poco. Aunque a mí me sigue gustando ese infantil aroma que desprende la ropa recién tendida y que, al compás del viento, va acariciándome recuerdos de aquellas otras azoteas. Y si hablamos de un puente tendido, la imagen que me viene es la de un puente tumbado tomando el sol, como hace todo el que puede, llegando esta época y tres días de asueto seguido, o sea, de puente.

Hoy la expresión “tender puentes” la usan mucho los políticos. Y muy políticos. A menudo los escucho decir que tienen la mano tendida, que su intención es la de tender puentes para bla, bla, bla… Pero me temo, y a las pruebas me remito, que la mayoría de las veces, esos puentes que presumen tender, llevan por debajo escondidas, bombas lapa que estallarían en el momento de cruzarlo.

¡Vaya mala referencia a las lapas!
Pobres lapas maltratadas que de niño me empeñaba en despegar de las rocas para usarlas como cebo en mis tardes de pesca con chambel;  o con aquella caña de pescar tan rudimentaria que sería imposible encontrar otra más rudimentaria. A falta de un Bribón, o de siquiera una patera, mis infantes posaderas se dolían sobre cualquier recodo de la Piedra Gorda que no pinchara demasiado. La Piedra Gorda, claro está, era la más gorda de las rocas de mi playa.

En estas escapadas pesqueras solía estar acompañado de mi amigo Santi, algo mayor que yo y guía aceptado por la autoridad paterna competente en la maravillosa aventura de incorporarme a la vida independiente; o sea, lejos de la vista de mi madre durante toda la tarde.

Y allí, cerca, había también un puente tendido, pero éste de verdad. Un puente atravesado por los raíles de la abandonada línea férrea que tiempo atrás unió Ceuta y Tetuán y que ya solo servía como cotidiano escenario de nuestros juegos infantiles.

Hubo después, en mis salidas del barrio, otros puentes. Son los que me ayudaron a cruzar más allá de los límites que mis pocos años y la propia época imponían. A veces, fueron puentes sobre aguas turbulentas, que Simon&Garfunkel me ayudaron a transitar. Pero puentes, al fin y al cabo, que me trajeron hasta aquí.

Y ahora, a mis años, he llegado a otro. Éste no parece peligroso; es ilusionante y tiene vivos colores, y música, y poesía en las paredes. Y como siempre, ya sabéis, al llegar, uno se plantea si cruzarlo. He decidido que sí, ya os contaré lo que me encuentre…

Carlos Bernal
Los Barrios, mayo de 2022.

 


 

viernes, 29 de abril de 2022

Historia de un poemario.



 

Busqué entre los poemas que andaban correteando por estas páginas. Seleccioné un buen puñado entre aquellos que seguían un camino determinado. Aquellos que marcaban un horizonte fijo; los que tenían un interés común, el de reconocerme en mi historia. Los perseguí arriba y abajo. Una vez capturados les quité el polvo acumulado durante años y los vestí con ropa nueva, o remendada, en otros casos. Hubo que sacarle los bajos a algunos y ensanchar las costuras a otros. Muchos se resistían a aparecer en público; decían sentirse ridículos, trasnochados, absurdamente viejos y fuera de lugar. Así que la negociación no fue fácil. Pero al final tuvieron que transigir. El que manda, manda, -les dije-. Se hizo el silencio entre los poemas mientras proseguía con mi discurso:

Voy a dar la cara por vosotros, espero que me dejéis en buen lugar.

Hubo alguna sonrisilla burlona por respuesta, y también ojos de estar pensando vaya con el viejo. Pero en general se puede decir que no les quedó otra que aceptar y tirar para delante.

A los seleccionados les dije que fueran haciendo el equipaje para marcharse lejos, que ya no estarían en casa y que debían empezar a vivir su propia vida. Noté que les daba algo de pena separarse de mí después de tanto tiempo. Tuve que suavizarlo diciendo que seguiríamos en contacto, que yo siempre iba a estar ahí para lo que necesitaran…

Estos últimos días antes de su partida están siendo muy emotivos y cariñosos. Ahora, en realidad, no sé si quiero separarme de ellos. La vida.


Carlos Bernal
29 abril 2022.

jueves, 21 de abril de 2022

De vuelta


 

Da gusto volver a casa.
El placer de registrar la librería buscando
el silencio del libro que acompaña,
la virtud de este cuarto al sol poniente.
Hurgar en la estantería que guarda
su acostumbrada compostura
de tarde de lectura con pájaros de fondo.

Removerme en la silla
junto a la mesa que recoge con placidez
mi mano acostumbrada a su relieve,
mi cuaderno de bitácora que actualizo
con la calma que contagia.

La ventana, a la derecha,
es un cuadro con horas dibujadas:
la de los niños al colegio,
la de los perros paseados,
la de las madres que vuelven,
la de las compras diarias…
Un espejo donde mirarme
las estaciones que corren,
las vidas que transcurren
junto a la mía, que aletea.

A lo lejos la tarde,
entre sombras se despide.


Carlos Bernal
Los Barrios, 21 de abril de 2022.


viernes, 1 de abril de 2022

Las faenas del mar



ALGUNAS COSAS QUE LA MAR ATIENDE

Baldea orillas que luego
se lleva de mudanza.
Da cobijo al Sol de noche,
y al alba lo acompaña a la salida. 
Después pule bronces en la arena.

 
Tararea canciones que habías olvidado.
Llena tus sueños de espuma blanca
y peces de colores.
Ensancha el horizonte mientras miras
y a mirar aprendes.

Da la vuelta al mundo sin contar los días.
A cada rato pone otro escaparate.
Intercambia cromos con el cielo
-dos de ellos por uno del mar-.

Resume tu vida en lunas.
Sigue pescando estrellas,
esas que caen a sus pies.
Te acerca espejos
donde reconocerte.
Tiene colores para todas las banderas.
Ilumina de azul las noches de fiesta.
Contagia su alegría eterna.
No le avergüenza su historia,
guarda en su vientre los restos.
No va a quitarte las penas
pero te ayuda a entenderlas.
Merenguea esas tardes de abril
que dejan con la boca abierta.

Trae un mensaje encriptado
con cada ola que llega;
si no lo entiendes, se lo lleva.

Es el amante Cyrano
que le habla a tu amor de amor,
mientras tú guardas silencio
escondido tras las rocas.

Algunas veces se humilla
alfombrando amaneceres.
Otras veces llora a todo trapo
navegando a moco tendido.
O enloquece la tarde
y se sube por la paredes
de la vieja Carretera Nueva.


Le enfurece el hombre
y su maltrato;
lo arrastra con dolor
y siglos de amargura.

No hay remedio.
Dile tú a la mar
que guarde compostura…


Carlos Bernal
Marzo 2022.


lunes, 21 de marzo de 2022

NOSTALGIAS DE PRIMAVERA




Ceuta en marzo es un silbido

que se afina en los cristales,

y entre rendijas se cuela

para dormir a los niños

con nanas de levante.

Silba marzo sus canciones

porque cantarlas no sabe;

el levante pone la orquesta

y resuena por O’Donnell.
 
Salta marzo entre los montes

que se visten de amarillo;

huele a limo entre las rocas

y a gaviotas que se han ido.

Quiso marzo –con mi madre-

que me pariera un levante,

alumbrándome en un cuarto

de la calle Terraplén,

y el vaivén de aquellos vientos

son las canciones que traigo.

Marzo empuja en los cristales,

y aquel niño que yo fui

está jugando en mi calle;
lo encontré cuando volví.


Carlos Bernal
marzo de 2022
 
 
 
 

viernes, 18 de marzo de 2022

La España de trazo grueso

Duelo a garrotazos. Francisco de Goya


Le hablo a la crispación en segunda persona,
-tan conocida me resulta-...


Si anduvieras con la comodidad
de unos zapatos viejos.

Si disfrutaras la suavidad de las buenas formas,
pero con aire latino, sin frialdad victoriana.

Si te dejaras llevar,
como los remos de una patera
con la Bahía Sur en calma.

Si regresaras de los andenes
por los que andas perdido.
 

Si te apearas de ese tren de tan incierto destino.

Si volvieras de los cerros de Úbeda.

Si no te tiraras más al monte.

Si te bajaras de las ramas
por las que te has ido.

Si en vez de cerrar los puños
abrieras un poco la mente. 

Si en vez de vociferar
escucharas algún argumento.

Si dejaras hablar un momento… 

 

Tal vez aprenderías:

Que la razón también se comparte
porque nadie la tiene entera.

Que se entiende mucho mejor
una palabra serena.

Que la verdad no entiende de gritos.

Que a veces es solo un suspiro.

Que con un mañana roto,
ya nada merecerá la pena.
 
Que además de tú y de yo,
podríamos ser nosotros.

 

Carlos Bernal
Marzo de 2022.

(Del poemario "Alféizar",  AvantEditorial, 2023)



Este tiempo de cielos que ya debieran ser azules

 


Este tiempo de cielos que ya debieran ser azules;
estas tardes de cristales que bailan con la lluvia;
estas noches calladas que no llaman a la luna…
Y sin embargo estos días, que ya gritan primavera.

Que ya gritan primavera en las voces de los niños,
en las flores del naranjo, en la luz de las aceras,
en el vuelo de los pájaros que ajardinan nuestra vida
cantándonos las plazas, poniéndonos la música
en las risas del café que se sienta en las terrazas.

Que se sienta en las terrazas para beberse la tarde
y diluirse en el azúcar de la calma que fluye;
para mirarse en tus ojos, mientras el viento golpea
en este tiempo de cielos que ya debieran ser azules.


Carlos Bernal.