Escribo a fuego lento
mientras disiento
de lo que escucho.
Nado a contracorriente
y me pongo a sotavento
de los aires rancios
que soplan de Occidente;
también de los de Oriente.
Puesto a buen recaudo
de las campanas de guerra,
-que unos oyen, incautos,
y otros tocan sin tregua-,
me quedo temiendo
de las campanas de guerra,
-que unos oyen, incautos,
y otros tocan sin tregua-,
me quedo temiendo
al borde del infarto.
Más falto que sobrado
del aire que necesito,
el corazón me palpita
mientras ardo de rabia.
del aire que necesito,
el corazón me palpita
mientras ardo de rabia.
A veces se me queda
el alma sin oxígeno;
dice el médico que es asma
y receta aerosol a demanda.
el alma sin oxígeno;
dice el médico que es asma
y receta aerosol a demanda.
Yo creo que es abatimiento
y pérdida de calma
por la estupidez circundante.
No llamo a ninguna puerta
ante la mínima sospecha
de no ser bien recibido.
Me inhibo, y cruzo de acera.
Y no olvido el refrán certero:
“No le acortes
la cuerda al perro,
sino al dueño”.
Carlos Bernal
30 de marzo de 2025.

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