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domingo, 19 de abril de 2026

TALLER DE LA POESÍA ROTA



Me gustan los versos ágiles 

que saben subir peldaños 

por esa escalera interior 

que algunos llaman poesía. 



Y me suelen gustar los poetas 

que quieren versar en corto;

los que van recortando versos

donde otros suman estrofas.



Hay versos bloqueando la puerta,

me impiden hasta que respire.

No sé por qué vienen de pronto,

pero les doy “entrada libre

hasta completar el aforo



Por eso suelo esmerarme

en una tarea absurda 

que lleva días y días

de inexplicable desdén.

 

Se trata de ir reduciendo

entre los dedos que amasan

y acortan la masa poética.

A veces no quiero pensarla;

prensarla es más lo que importa.



Y así la dejo. Luego vuelvo

y la reciclo y recupero,

y en otros lugares la inserto. 

O la maldigo y la destruyo 

por falta de textura compacta, 

por poca “compresión lectora”. 



Ya no cuento los versos, 

ni ando silabeando.

Antes parecía un ábaco, 

o un agobiado contable. 

Y me aburría cual gato 

que mira absorto la tarde 

sin saber lo que está mirando. 



Ahora me fijo en el ritmo; 

ese algo interior que lleva 

a marcar sin marcar la marca; 

a sentir, sin medir sintiendo;

a respirar, haciendo las pausas;

a doblar a tiempo una esquina 

sin saber por qué estás girando.



Ahora suelo pensar, cuando escribo, 

en aquello que voy escribiendo; 

y es justo en ese momento

cuando dejo dormir lo escrito.



Y aunque escriba aquello que siento,

no siempre tiene sentido;

hay veces que no lo entiendo.



Mañana pensaré si sigo,

o mejor lo rompo y reciclo…



Domingo, 19 de abril.

CARLOS BERNAL.





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