En un tiempo cayeron en desuso;
es más, se buscó su abolición.
Los jóvenes rompieron las normas,
los ritos, los protocolos…
pasando de ceremonias.
Hoy han vuelto con toda su fuerza.
Cuatro hippies se siguen resistiendo,
y algún viejo próximo a extinguirse,
pero la gran mayoría se engalana
cumpliendo fiel con todos los ritos…
Se reservan con mucha antelación,
-con años guardando una lista-
lujosos salones que mitifican
cualquier evento personal,
convirtiendo en ostentoso fiestorro,
ya sea boda, comunión o cumpleaños.
Y no hay ciudadano que se precie
que no habite su espacio cofrade
en iglesias de ciudades y pueblos,
sin tener también el carné
de socio de un real club de fútbol.
O no agite el pañuelo entendido,
en el tendido de una tarde de toros,
pidiendo al presidente el cambio.
(Quien por cierto, y hablando de otra cosa,
no acorta su tiempo de mandato,
por más que lo pida el respetable).
Son usos y costumbres de otro tiempo,
que si bien no murieron del todo,
sí es verdad que los melenas del sesenta
pusieron su validez en cuarentena…
(Y aprovechaban la Semana Santa
para hacer excursiones al campo
poniendo sus guitarras al día;
mientras hacían en la iglesia estaciones,
cuatro santas en un Vía Crucis).
Carlos Bernal.

No hay comentarios:
Publicar un comentario