Chapoteando en la estupidez que diluvia.
Abrumado por su cansina insistencia.
Aturdido por el ruido que no cesa.
Aturdido por el ruido que no cesa.
Consciente de su maléfica intención.
Recordando aquellas letras
que arañaba Bob Dylan...
Cierro todas las entradas.
Apago todas las voces.
Dejo la voz del silencio,
esa que fluye en la estancia
y alivia con su presencia.
Que me consuele su ligereza
y me absorba su ingravidez.
Que me llene su inconsistencia
y me adormezca su dulzor.
Por la ventana del tejado
entra hoy un cielo extraño.
Imposible contar los borregos
que habitan su inmensidad.
Y me pregunto si en vez de cielo
no será solo un espejo
reflejando la realidad.
Es posible que esta tarde,
el inmenso cielo emborregado
me haya dejado un mensaje
en la ventana del tejado.
Carlos Bernal.

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