Y el hombre comprendió
que las banderas
solo eran trapos de colores;
y su ascendencia, su linaje,
su patria, su lugar de residencia,
un juguete del destino,
una veleta que gira
según sopla el viento,
una brújula averiada,
una aguja no imantada
que marca un norte distinto.
Y el hombre comprendió
que las fronteras
solo eran cicatrices,
heridas de guerra;
absurdas guerras de ascendencia,
de linaje, de patria, de lugar de residencia.
Y el hombre comprendió
que a donde vaya,
todos los hombres son iguales,
aunque se crean diferentes
y aunque ninguno lo entienda.
Carlos Bernal

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