OJALÁ, MAÑANA, DISFRUTES DE...
La rosada ligereza de un flamenco,
la elegancia de una virgen de Murillo,
el aplomo de un gángster de película,
la paciencia de un taxista en Nueva Delhi,
la pulcritud de un contable mafioso,
la solidez de nuestro muelle de Poniente,
la destreza de un tahur en Montecarlo,
la seguridad de un anuncio de alarmas,
el poderío del Banco Mundial,
el contenido de los archivos clasificados,
la belleza de cualquier atardecer,
el dinero de todos los préstamos,
la cara dura que tienen las Eléctricas,
la energía de todos los volcanes,
la razón que duerme los corazones,
la luz verde del muñeco del semáforo,
el regusto que deja un buen poema,
el brillo de aquellos ojos quinceañeros,
las segundas veces de la primera vez,
los árboles que me dejaron ver el bosque,
el sabor de un Vega Sicilia,
el trastrás de aquella mecedora,
la robustez de una imagen de Rubens,
la salud del acero inoxidable,
la dulzura del mosto en noviembre,
el amor en la conjunción copulativa,
los deseos en los adverbios de modo,
los cantos aunque sean de sirena,
los versos aunque sean en prosa,
los niños con risas de niños,
el dolor escondido en la trastienda,
las series con final feliz,
las firmas de los acuerdos pendientes,
la esperanza del mañana posible,
y la superación de todas las humillaciones.
Carlos Bernal

