Esta tarde he estado dándole vueltas a una palabra que me parece ha caído en desuso: decencia. Sí, creo que se ha quedado antigua; o tal vez sea que los que deberían mantenerla viva, ya no tienen interés en hacerlo, por lo que sea. La Academia suele justificar estas cosas diciendo que la Lengua es algo vivo, que está en la calle y con la calle evoluciona. Y que Ellos tienen que ir recogiendo esa evolución.
O sea, que dejan morirse palabras porque la ignorancia y la vulgaridad de la calle no las acoge en su seno, prefiriendo sustituirla por un anglicismo. Y en cambio se deja que ingresen al diccionario todos los vulgarismos que la calle asume como suyos. Y así, por el camino más corto, nos vamos cargando con el permiso de la autoridad competente, un idioma de gran riqueza como el nuestro, el español.
Yo creo que una de las obligaciones de la Academia de la Lengua debería ser la de luchar por el idioma y porque los jóvenes no tengan un vocabulario básico con menos de mil palabras. Y me parece que no es el caso…
Y hay otra cosa que olvida la Academia de la Lengua: Un lenguaje preciso y variado es la representación de un pensamiento que también lo es. Porque pensar necesita de las palabras que le den forma a lo que está naciendo en la cabeza. Si no te expresas bien, no puedes pensar bien, y viceversa.
Pero vamos a la palabra de hoy en cuestión. Dice el diccionario que decencia es -aparte del aseo, compostura y adorno que corresponde a cada persona o cosa- algo que me interesa más: habla de recato, de honestidad y de modestia. Y yendo más abajo, en una tercera acepción, cita la definición con la que quiero quedarme: “Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas”. Y como sinónimos -gran campo abonado para la comprensión- están esos conceptos ejemplificadores, enormes palabras que merecen asiento cómodo y un café para recibirlas…
Veamos pues, sinónimos de DECENCIA (y permitidme la escriba con mayúscula, tan importante me parece):
- Recato, honestidad, pudor, pureza, moralidad, integridad, virtud, ética, vergüenza.
- Decoro, dignidad, honor, honorabilidad, respetabilidad, nobleza.
Y claro, ya para mayor comprensión y claridad, podemos fijarnos en las que cita el diccionario como antónimos, o sea como todo lo contrario a lo que debe considerarse decencia. Y ahí va esa agua clara del río de las palabras:
- Indecencia, impudicia.
- Indignidad, inmoralidad, deshonestidad, desvergüenza.
Al tener ya más claro el significado de esta palabra, podemos aseverar que la decencia es algo de lo que estamos más bien escasos en la vida pública actual (no solo española, sino mundial), así como calificar de indecentes a personas conocidas en diferentes ámbitos, por lo que dicen y hacen cada día.
Y ahora podríamos llenar páginas y páginas entre vosotros y yo con nombres de personas y situaciones claramente inmorales, deshonestas, impúdicas, innobles, desvergonzadas, indignas, INDECENTES.
Pero sin citar nombres, si os pondré en la pista de algunas situaciones que se dan y nos dan paso a usar los términos decente/indecente. Imaginad a personas que por su profesión, se les supone una dignidad, honorabilidad, moralidad, honestidad, nobleza, ética, o decoro propios del sitio donde están y el cargo que desempeñan. Digamos un maestro, un periodista, un médico, un político, un empresario, un juez… y así un largo etcétera, cualquier persona, en realidad. ¿Cuántas veces hemos visto a algunos dignos de calificarlos como indecentes?
Pues os animo a que, en adelante, los llamemos INDECENTES. Y si puede ser a la cara, mejor.
Y que no se borre la palabra del diccionario, señores de la Real Academia de la Lengua Española, pues la DECENCIA es una de las cosas para estar más orgullosos como seres humanos. Y además es gratis.
Carlos Bernal.

